Mi canario depresivo

Vamos a reir un poco. Hace unos días le explicaba a una compañera de trabajo la historia de mi canario depresivo. Tanto se rió que me sugiriró escribir la historia en el blog. Y como soy obediente, lo hago.

Todo empezó cuando mi hija me pidió, me insistió, me suplicó, … una mascota. Soy de una ciudad pequeña que a 100 m. tenía el campo (ahora con la burbuja inmobiliaria, el campo está más lejos). Siempre he vivido rodeada de mascotas y no le veo inconveniente. He crecido con perros (2), gato (1 pero se murió a los días porque lo recogí de la calle y estaba muy débil), caballo (1), pez (1), canarios (2), patos (3), cobayas (14 ó 15, perdí la cuenta), ratas blancas (2), gusanos de seda ( ni sé) e incluso una golondrina (1) que salvamos al encontrarla en la calle y luego dejamos volar cuando se curó de sus heridas. Mis hijos se escandalizan cuando cuento lo que hacíamos con los bichos y animales. ¡Hoy en día serían tan incorrectas (no lo critico, que conste) las disecciones de ranas o la colección de insectos pegados con un alfiler y antipolillas! ¿Será que me lo parece o es cierto que ahora hay menos mariposas? Se sorprenden cuando les cuento las técnicas para cazar escorpiones y víboras.

Pero mi marido es de ciudad y nunca ha tenido mascota. Reconozco que no se puede tener en la ciudad las mismas mascotas que en un pueblo. Por lo que el tema de la mascota empezó a sumar condiciones: no recoger cacas (perro descartado), que no arañe los muebles (gato fuera), que no huela (sin cobaya), que tenga la sangre caliente (no habrá peces), que cupiera en casa (no ibamos a meter un caballo)… Sólo quedó el canario como opción (renunciamos a la condición de que no vivera en jaula).

Y un día llegó Ricky. Se llama Ricky porque decidimos que si era macho el nombre lo decidía mi hijo y si era hembra lo ponía mi hija. Por suerte fue macho, porque la opción de nombre que tenía mi hija era algo así como “hermosa mariposa de primavera que vuela por los aires” (hay que precisar que mi hija es china y algo debe llevar en lo genes).

Pero Ricky resultó ser un canario depresivo. No cantaba y sólo se dedicaba a arrancarse las plumas. Si nos íbamos para uno o dos días, la cosa ya era dramática. Por lo que optamos por llevárnoslo con nosotros, para lo cual tuvimos que comprar una jaula de viaje que abultara menos en el coche. En los desplazamientos ibamos mi marido y yo, los dos niños y el canario en su jaula de viaje. Solo faltaba la suegra…que por cierto, a veces también venía y siempre ha sido un placer contar con su compañía.

Llegó un momento que decidimos llevarlo al veterinario. Pero el tema no es tan fácil. Los veterinarios de toda la vida, los de barrio, no saben de canarios, hay que ir a uno especial que cobra 25€ la visita (igual que un especialista de humanos). Recorrimos todo Barcelona para ser visitados por el veterinario especialista en pájaros de compañía.

No vio físicamente nada malo. Le analizó las cacas y no había parásitos. Le dió una medicina contra los parásitos de la piel y los ácaros, pero la cosa siguió igual. Finalmente, llegó a la conclusión de que seguramente estaba triste, depresivo, porque necesitaba una novia.

A riesgo de ser políticamente incorrecta pregunté si se podían alquilar (que conste que no estoy de acuerdo con la prostitución, pero…) o hacer intercambio de pajarito. Me explicó que  no, que los canarios no son como los perros, que tienen que enamorarse. Que tenía que comprar una canaria, ponerla en otra jaula una al lado del otro e ir viendo cómo reaccionaban. Si no se atacaban, resulta que se habían enamorado. ¿Y si no se enamoraban?, pues a por una segunda canaria.

De repente me vi con la casa llena de canarios, unos juntos y felices y los otros solos y depresivos, viendo como los unos estaban enamorados y ellos no, y buscándoles soluciones a cada uno…y así en evolución geométrica hasta el infinito. “Que se la casque” (con perdón), pensé para mis adentros. También para mis adentros pensé que esperaba que no lo hiciera en presencia de mis hijos.

Luego me explicaron, que si ni así dejaba de arrancarse plumas, segúramente tendriamos que hacerle una radiografía o ecografía o yo que sé para ver si el hígado estaba bien. Si estaba mal, habría que operar. Lo siento por los ecologistas radicales, pero no estaba dispuesta a dedicar recursos sanitarios en un canario mientras aún hay personas que se mueren de cólera en Haití.

El hecho es que después de pagar varias visitas de veterinario especializado, tuve una conversación con el canario… y funcionó. Se trataba simplemente de un tema hormonal, el canario estaba en la adolescencia y hacía cosas raras. Ahora ha superado ya esta engorrosa etapa que todos debemos pasar y canta alegremente a la vez que le crecen las plumas.

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12 respuestas a Mi canario depresivo

  1. yolanda dijo:

    Jajajaj Genial, t’has superat Mònica, m’he rigut moltissim.

  2. sandra dijo:

    ¡¡Ay, que me muero de la risa!! Qué “peazo” historia, la de Ricky. Esto se queda corto con un breve texto en un blog, ¡se merece mucho más! Si lo mueves entre gente del cine seguro que alguien de aquellos con olfato agudo que al momento saben del éxito de una buena historia a la legua lo adapta y sale un peliculón. De aquí al estrellato, Ricky! Y entonces sí que a cantar a pulmón, y con una novia en cada puerto!

  3. bel vallès dijo:

    Ja ja ja ja llegint la història del teu canari “adolescent” m’enrecordo de les hormones “adolescents” dels nostres fills. Espero que mai deixin de cantar…

  4. Eva Gómez dijo:

    ¡¡Todavía me estoy riendo !! Aunque me lo expliques 100 veces seguiré tronchándome de la risa.
    No sabía que al final el diagnóstico fue “la adolescencia”, manda narices!!.
    Me alegro mucho que el pobre Ricky haya superado esa crisis (larguita, por cierto) y también de que sea chico, imagínate si además del cachondeo de las plumas se llamase “mariposa que vuela por los aires alegremente, o algo así.
    El relato bien se merece una columna en prensa,

  5. Helena dijo:

    Ja, ja, te pillé. Tres veces genial y superándote. La descripción es tan realista que da la impresión de conocer a los protas. Celebro que la campaña “Salvar a Ricky” tenga un final feliz. Lo que tu no consigas!!!!!

  6. Nerea dijo:

    Buenísimo, Mònica. Me he reído un montón.

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